De Cristina Sánchez-Andrade (Santiago de Compostela, 1968) han sido reseñados en esta sección sus dos magníficos libros anteriores en el género narrativo: el conjunto de relatos “El niño que comía lana” (2019) y la novela "La nostalgia de la Mujer Anfibio" (2022). Licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho, la escritora compostelana, afincada en Madrid, es crítica literaria y traductora, articulista en diversos medios de comunicación y docente universitaria. Receptora de varios premios literarios y traducida a varios idiomas, ha publicado una docena de novelas, media docena de libros de relatos, un par de ensayos y un libro de poesía. Ahora, también en Anagrama, acaba de publicar “Habitada”, su última novela, nuevamente ambientada en una Galicia rural y profunda, mágica y misteriosa.
“Habitada” está inspirada en un extraño suceso ocurrido en 1925, que fue conocido como el caso de la espiritada o iluminada de Maeche. En este concello coruñés, Manuela Rodríguez Fraga, una labriega analfabeta de unos veintiséis años, que llevaba cuatro años enferma en la cama, comenzó a hablar en español con acento cubano y con una voz ronca y masculina, mostrando inusitados conocimientos de filosofía y liturgia religiosa e incluso utilizando el latín en ocasiones. En torno a su cama, atraídos por el extraño fenómeno, acudieron vecinos de aldeas próximas, algunos periodistas de la capital y varios médicos que intentaron curarla con diferentes métodos. Manuela les contó que un día bebiendo agua de una fuente entró en su cuerpo el espíritu de un clérigo de Ortigueira que había muerto en La Habana. Se trataba de un fenómeno que en Galicia y Brasil se conoce como “corpo oberto” y consiste en que el espíritu de una persona muerta entra en el cuerpo de otra para manifestarse y hablar a través de ella y, en ocasiones, para terminar algún asunto que le quedó pendiente en vida.
La protagonista de la novela se llama Manuela Fernández Fraga y se presenta como “joven labriega de San Xurxo de Moeche”. Solo hay, pues, un pequeño cambio en el primer apellido de la espiritada del caso ocurrido en 1925, año que también se mantiene como momento central en la cronología del relato. Es la propia Manuela quien narra los hechos en primera persona y divide su historia en dos partes (“muda” y “huésped”), rematados por un breve epílogo (“desalojo”). En “muda”, Manuela cuenta su vida antes de ser “habitada” por el clérigo de Ortigueira. Una vida dura, trabajando sin descanso desde niña, explotada por su padre tras la muerte de su madre. La propia Manuela lo explica así: “nunca pensé que el tiempo fuera algo mío: ir a por agua, lidiar con mi padre, ir a por agua, cortar el tojo y secarlo para la corte y también hacer estiércol, dar de comer a las gallinas, ir a por agua, cocinar, ordeñar a las vacas, plantar patatas y cortar las berzas, ir a por agua, recoger hierbas silvestres y flores: esa es la sustancia de mi tiempo”. Luego, por mediación del señor abad, como llaman al cura del pueblo, Manuela irá a trabajar a la casa del amo, como denominan al cacique local, para cuidar a su mujer que sufre depresión desde que su hija murió ahogada. Manuela empieza a oír voces de los niños no nacidos, de las vagalumes o luciérnagas del bosque… y aprende los secretos de las hierbas y las artes mágicas con Maimiña, la vieja meiga local.
La primera parte está escrita sin uso de mayúsculas tras los puntos, en una prosa más simple, que intenta reproducir las limitaciones de Manuela, que está perdiendo progresivamente su cordura. También usa muchos galleguismos (me gusta especialmente “faladoiros”, lugares donde se junta la gente para hablar). En la segunda parte, con Manuela ya “habitada”, se recuperan las mayúsculas y la prosa es más elaborada, con la inclusión de expresiones cubanas. La novela se ambienta en la Galicia rural del primer tercio del siglo XX, una sociedad pobre y atrasada, violenta y caciquil, donde la religión católica convive con supersticiones ancestrales. Predominan los personajes femeninos potentes, de fuerte personalidad. Además de Manuela, destacan la madre del abad, que tiene a su hijo dominado; la mujer del amo, doña Sinforosa, obsesionada por su hija muerta; la meiga Maimiña, trotadora y aficionada al orujo; o la Jerónima, que trabaja en la casa del amo. Entre los masculinos, sobresalen los representantes del poder en el concello: el artero y rijoso señor abad y, por encima de este, el dominante amo don Diego. También el cura joven Santiago, que amenaza el monopolio eclesiástico del abad en el lugar. Y hasta el espantallo o espantapájaros, que Manuela lleva siempre consigo, acaba siendo casi un personaje más del relato.
Podemos decir que la novela se inscribe en un realismo mágico muy presente en la literatura gallega, que fue antes que el hispanoamericano, pues no olvidemos, entre otras cosas, que la abuela de García Márquez era gallega. Cuyo principal representante es Álvaro Cunqueiro, pero al que se suman Wenceslao Fernández Flórez, el Torrente Ballester de “La saga fuga de J. B.” o tantos otros hasta nuestros días. Esa Galicia misteriosa y mágica, llena de leyendas y tradición oral, de meigas y santas compañas, de bosques encantados, de espíritus errantes, de corpos obertos… Esa Galicia en la que se inspira, y que tan bien plasma, Cristina Sánchez-Andrade en su envolvente literatura.
“Habitada”.
Cristina Sánchez-Andrade. Anagrama. 2025. 232 páginas